Terremoto en Chile – 27/02/2010
Recién estaba disponiéndome a dormir. Acababa de ver el Festival de Viña. Era muy tarde, pero el día ya estaba cerrado. No pasan más de 10 minutos tratando de conciliar el sueño, cuando siento un sacudón, que no me llama mayormente la atención. Sin embargo, el sacudón no termina, se prolonga y cada vez es más fuerte. El ruido subterráneo es imponente. Se empieza a sentir que caen cosas de mi cuarto. La oscuridad es espesa, ya que el alumbrado público se ha cortado. Mi madre se levanta en medio del terremoto y comienza a recolectar agua. Las cosas siguen cayendo y el movimiento ahora se torna ondulante. Finalmente poco a poco empieza a calmar y pareciera que estuviera en una mecedora gigante. El ruido subterráneo continúa y de la tierra emerge un calor que entibia mi cama.
La luz ya no está, el agua tampoco, el teléfono está mudo. Enciendo mi mp3 para sintonizar la radio Bío-bío, pero tampoco hay señal. Aproximadamente veinte minutos después, puedo sintonizar la radio y me quedaré escuchando sus reportes hasta el amanecer, donde podré ver la magnitud de los daños que hubieran quedado en mi casa.
El amanecer llega. El desorden y destrucción quedan manifiestos. Sólo la radio Bío-bío transmite y de esa manera nos enteramos del tamaño de la catástrofe.
Se trata de un terremoto de grado 8.8, que en Concepción, la ciudad donde vivo, ha dejado daños tremendos. En Talcahuano, el puerto vecino, los daños son peores porque además se recibe el embate de un cruel tsunami, que lo ha dejado convertido en una zona arrasada. Lo mismo ha pasado en muchas otras ciudades arrasadas por el tsunami o con grandes destrozos por el terremoto.
Del susto por el remezón y las subsecuentes réplicas, vendrá más adelante la sorpresa ante la infamia de los saqueos a supermercados, tiendas y farmacias. Estos actos no tienen justificación alguna y abren una reflexión profunda hacia sus causas. A los saqueos siguió el vandalismo. Ya no bastaba robar, ahora había que destruir, incendiar, atemorizar. Finalmente con el comercio vacío, los saqueadores irrumpieron en las casas. La escalada es espantosa. Este nuevo terremoto, el “terremoto social” ha sido tanto o más devastador que el primero.
Concepción parece una ciudad sin ley, por lo que se hace necesario imponer orden y se procede a declarar estado de excepción constitucional y las fuerzas armadas pasan a tener el control del orden público.
El temor a ser asaltados en nuestro propio hogar, motivó a los vecinos a organizarse haciendo guardias nocturnas. Cada noche los vecinos se han tenido que armar de palos, cuchillos o lo que sea necesario para defenderse. A pesar de la presencia militar, se sabe que no puede haber un soldado custodiando cada casa, por lo que esta tarea es apreciada por aquellos que temen la invasión de sus hogares.
Estos últimos días la policía a detenido a saqueadores y ha requisado la mercadería encontrada. Un fiscal de Concepción ha descrito esto como “El fin del tiempo de los saqueadores, pero el inicio del tiempo de la justicia”.
La ciudad, ya pasada una semana del terremoto, está dando suspiros de normalidad. Este terremoto era esperado. Pasarán muchos años para el próximo. La vida debe continuar.
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