José Emilio Muñoz Labra

Informática, poesía y un largo etcétera

Maga Cortazariana

Maga cortazariana, envolvente, pero de ensueño. La primera vez que te vi llamaste mi atención, pero pude protegerme de tu magia. Sin embargo pasó el tiempo y poco a poco fuiste horadando mis muros, derretiste mis candados, entraste a mi fortaleza.

Me dejé atrapar por el aura que proyectabas, me dejé llevar por los sueños que sin querer me provocabas. Eras toda vida, Maga. Eras toda esperanza, Maga. Eras toda encanto, Maga. Maga que me haces pensar y recordar.

Nunca fuiste de muchas palabras, Maga. Nunca quisiste hablar más que lo preciso. Nunca te abriste a conversar con este desconocido que buscaba un momento de tu atención. Porque te quería contar cosas, Maga. Quería contarte cuán especial te hallaba, cuánto te admiraba, cuan imponente ante mi universo eras. Quería escuchar de ti, Maga. Quería saber a qué le temes, cuales son tus sueños, qué es lo que te alegra, cuales son tus planes en el futuro.

Una vez te di un beso en la mejilla, Maga, sin saber que sería el único que podría darte. Una vez te preocupaste de mí, Maga, haciéndome el más dichoso en tus cuidados. Una vez me diste ánimo para escribir, Maga, sin saber que tu magia estaba actuando. Eras el mejor motivo para escribir, Maga. Me transformaste en este escritor delirante que solo se inspira bajo tu sombra.

Inspiraste más de lo que creías y provocaste un torrente de versos. Los versos tenían que ser perfectos, de arte mayor como tu belleza, sin lugares comunes ni eufemismos. Maga, creadora de universos. Maga, inspiradora de poetas libres. Maga, productora de atmósferas oníricas, delirio del artista errante.

¡Cuanto me dolió tu partida, Maga! Tu magia era mucho más compleja de lo que podía pensar. Los poetas somos compulsivos en ocasiones, Maga. Los poetas no sabemos medir intenciones cuando se trata de expresar lo que siente el corazón desesperado por hablar. Maga, no perdonaste la impulsividad del artista en estado de éxtasis. No perdonaste que traspasara tus límites en un impulso irreflexivo.

Yo solo quería hacerte bien, Maga. Disculpa mi torpeza y precipitación. No sabía qué más hacer, Maga, para expresarte lo que mi alma quería gritar. Me equivoqué, Maga, lo siento profundamente. No estuve a tu altura, Maga, me disculpo desde el fondo de mi corazón.

No voy a olvidarte, Maga. Siempre estarás detrás de los versos más preciados. Siempre estarás dentro de las palabras más escogidas. Siempre estarás en ese recuerdo bello que solo hace sonreír, aunque en este instante solloce. ¿Me olvidarás fácilmente, Maga? Sé que no responderás la pregunta pero intuyo la respuesta.

No sabía cómo expresar esto, Maga
Ha sido muy bello escribirte, Maga
Mi corazón se honró al mirarte, Maga
Yo solo quería hacerte bien, Maga.



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