José Emilio Muñoz Labra

Informática, poesía y un largo etcétera

La Princesa-Maga

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Un día llegó una princesa junto a su corte a un bello palacio aledaño a nuestra fortaleza. En un principio todo se veía normal. La princesa vivía tranquilamente y su corte era feliz.

Nuestra fortaleza era la más inexpugnable del imperio. Nuestro muro era triple, los torreones eran altos y amplios, los candados hacían sangrar a quien no sabía abrirlos. Para la princesa nada de eso importaba. Todas las mañanas nos veía desde su palacio y nos sonreía.

Tuvimos esa vecindad, palacio y fortaleza, durante tres años. El duque, señor de nuestra fortaleza, veía con amabilidad a la princesa.

Un día supimos que la princesa además era maga. En ese momento entendimos porque su corte se veía tan feliz en los jardines del palacio y porque éstos eran tan verdes y rodeados de corrientes torrentosas, en medio de los pedregales que rodeaban nuestras moradas. Desde ese momento pasó a ser la princesa-maga. En ese despertar vimos que la rodeaba un aura blanco, brillante y poderoso. Desde ahí entendimos porqué su palacio no necesitaba muros, solo bastaba el aura de la princesa-maga para su protección.

El ingeniero de la fortaleza le entregó un informe al duque. Los candados se estaban oxidando, el triple muro tenía unas leves grietas y los torreones requerían mantención. El duque pidió más detalles, quería saber las causas de tales problemas.

Después de un buen tiempo, llegó un comunicado. El palacio y la fortaleza van a tener un gran encuentro para conocerse unos a otros. La orden venía del emperador quien quería que sus reinos y comarcas fueran más unidos.

Se hicieron todos los preparativos para tal encuentro. Se escogió el valle vecino al palacio como lugar de encuentro. La princesa-maga llegó junto a su corte. Ella estaba más bella que nunca. Las flores se opacaban ante su esplendor. El duque llegó con nosotros. Se lo vio escéptico frente a los resultados de aquella reunión, pero cuando vio a la princesa-maga inmediatamente se dirigió a saludarla y darle sus respetos.

No sabemos qué pasó. Qué fue lo que gatilló todo. Después de esa reunión el aura de la princesa-maga comenzó a traspasar los muros de la fortaleza y su fulgor derritió los candados. Los torreones misteriosamente se achicaron. El duque, embelesado por el aura de la princesa-maga no se preocupó mayormente de lo que estaba pasando.

Finalmente los muros fueron evaporados por el aura de la princesa-maga. Quedamos al descubierto, vulnerables, indefensos. El duque nos dijo que no nos preocupáramos, que el aura de la princesa-maga sería nuestra fortaleza. Debíamos olvidarnos de muros, torreones y candados. El palacio había absorbido lo que era nuestra fortaleza. Ahora éramos uno.

Nuestro espacio se empezó a poblar de bellos jardines, corrientes de agua abundantes y canto de ruiseñores y alondras. Todos estábamos obnubilados por una felicidad etérea. Los niños cantaban, los adultos recitaban, y hubo quienes armaron una orquesta de tamboriles, flautas y violines que tocaba hermosa música sin cesar. Todo era alegría y jolgorio en las nuevas tierras de la princesa-maga. Ella era muy reservada en público. De pocas palabras. Compensaba las pocas palabras con abundantes acciones hacia los desfavorecidos de su comarca. Todos la querían y la respetaban. Sabían que bajo su abrigo nunca pasarían tristezas ni carencias.

El duque estaba muy feliz. Sentía que la princesa-maga era el cumplimiento de sus sueños. La felicidad de todos parecía confirmarlo. Por ese motivo decidió que le demostraría a la princesa-maga su amor en una gran fiesta con todos los cortesanos.

La fiesta se organizó por todo lo alto. Hubo mucho para comer, beber y juegos para los niños. La orquesta de tamboriles, flautas y violines tocó sus melodías más alegres. Cuando llegó el duque todos lo aplaudieron y vitorearon. Después de media hora llegó la princesa-maga junto a sus cortesanos. Todos se rindieron ante su brillo aural. Ella era imponente, pero cercana a todos. El duque al verla sintió que ese era el momento. Sabía que debía tener tacto. La princesa-maga no abría su corazón a cualquiera, por muchos méritos que éste tuviera.

La princesa-maga entró a una cámara especial que le habían preparado en un rincón del gran cuartel de lo que fue nuestra fortaleza. Uno de los cortesanos le pidió al duque que entrara a saludar a la princesa-maga, de acuerdo al protocolo del palacio. El duque entró y la princesa-maga lo recibió afectuosamente. El duque sabía que eso era todo lo que correspondía hacer, según protocolo, por lo que debía salir de la cámara. Sin embargo se apartó de la puerta, se volvió hacia la princesa-maga y le entregó una carta. La princesa-maga se sorprendió por el arrojo del duque y sus cortesanos se miraron inquietos.

Nadie supo lo que decía la carta. La princesa-maga no la leyó. Ella sabía el contenido de ésta desde el momento en que el duque se la entregó.

Cuando el duque salió de la cámara, ésta desapareció y con ella la princesa-maga y toda su corte. El palacio también desapareció. Los prados, los ríos, los ruiseñores, todo desapareció. Solo quedó nuestra fortaleza al descubierto, vulnerable. El duque se preguntaba una y otra vez qué había pasado, pero un silencio penetrante fue la única respuesta.



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