José Emilio Muñoz Labra

Informática, literatura y un largo etcétera

El tiempo estaba a nuestro favor

El tiempo estaba a nuestro favor
pero no me di cuenta
cada oportunidad camuflada en momentos
pasó sin detenerse ni buscarnos
las espinas de tus ojos son frágiles
pero desangran la fatiga ansiosa
monstruos internos, llagas profundas
venganza no correspondida, gesto cambiado
no hay excusas ante el error voluntario
límite traspasado provoca avalancha
la paz pide su momento
dejar ir es un acto de amor

Herida húmeda

Herida húmeda
rastro doloroso
gesto perturbado
no hay cura en tu ahogo
la luna es testigo
de tu goteo continuo
el sol desgarra
posibles costras
tu aliento sonámbulo
revive la pesadilla
los verdugos me esperan
en multitud de noches
fantasmas cansados de gritar
mis múltiples ruegos
te llamé en mi luz
no entendiste mi mensaje
te transformaste en aquello
que quiero sepultar
no te acerques
no me mires
no me hables
te golpearé
hasta poder volar

Feliz 2019!

El año que recién pasó fue más intenso de lo que esperaba. Me encontré con la literatura cara a cara, lo que hizo que mis días se volvieran más intensos e interesantes de vivir. He tenido momentos complicados, debido al problema que tuvo mi mamá a comienzos de año y del cual ella todavía sufre consecuencias, pero ahí estamos, como decía el tío Pepe, “firme la pata del loro”, nada nos detiene.

Fue un año de crecimiento, intenso desde el comienzo, en donde todo ha cambiado.

Feliz año nuevo, mis buenas personas. Abrazo y la mejor de las aventuras siempre.

No tengo balas

No tengo balas
tampoco bombas
solo tengo mis ojos
mis manos
mi boca
no me cegues
ni amputes
no me calles
si no veo
ellos verán
si no escribo
ellos gritarán
si no hablo
el poema nacerá
semilla sangrante
cuenca torrentosa
hoy dueles
mañana brotarás

Llevaban banderas

Llevaban banderas. Cada paso que daban iba al ritmo de pitos y tambores. Su sonrisa lo fortalecía, su decisión lo inspiraba, su voz era el llamado a resistir sin claudicar. Conocerla significó para él un mundo nuevo. Apareció otra música, libros distintos, lugares diferentes, las sorpresas nunca terminaban. A lo largo del camino, el aire tomaba un sabor extraño, agrio, ácido. Los rostros se tensaban y los gritos se acallaban al son de un sonido seco y sordo. Sin soltar sus banderas ni sus almas, corrieron ante la amenaza inminente. Un dolor metálico derritió sus cuencas. Ella gritó. Él nunca más la dejó de escuchar.

Mientras la observaba

Mientras la observaba sentía el dolor de recuerdos inquietos asomados en algún rincón de esa bodega llamada mente. Las imágenes asomaban nítidas, sobrepuestas en la escena vívida, pero fría y punzante. La ansiedad sonreía a cada movimiento, las percepciones asomaban amenazantes dispuestas al ataque, los gestos se desdoblaban ocultando intenciones y deseos. Si el tiempo hubiera sido verdugo, la hora era la indicada; si la soledad cadalso, todo estaba listo; si el silencio tuviera sentencia, los juicios habrían terminado. No habían ojos, ni bocas, las manos eran inútiles, las piernas piedras inmóviles. Lo peor nunca llega, el punto de inflexión no existe en esta dinámica, el desgaste está prohibido, la sorpresa no ha sido creada. Todo cansa y muere. Fue robado el respiro feliz de la confianza en los días. Las fórmulas secretas de divino alivio fueron quemadas en la fogata de la disociación emocional. El desprecio aflora como escudo y espada, la dignidad clama por una vuelta a la cordura, el respeto grita por su lugar, mientras el sentimiento perceptivo gana todos los puestos a empujones. El poder lo tomas desangrando la tranquilidad, el silencio de las lágrimas aniquilará tus planes, la esperanza del tiempo será el engaño definitivo.

Tiempo congelado

Luz de luna
blanca
fría
envolvente
rastro del firmamento

Juegas cruelmente
desafiante
orgullosa
desgarbada
delicadamente candorosa

Alimentas mi pluma
soterradamente
alevosamente
histriónicamente
persistentemente

Pintura sin nombre
tiempo congelado
ansiedad quebradiza
ensueño dramático
luz de luna

Resisto el paso del tiempo

Resisto el paso del tiempo
insinuando que éste es un paréntesis
la vida se hace interesante
cuando la inspiración emerge de tu áura
el estímulo es fructífero
si los reflejos exaltan tus ojos

Llamé a tu puerta no respondiste
el orgullo sonaba estridente en el zaguán
liberamos recuerdos dolores y venganzas
en cada palabra dicha o reservada
empeñamos nuestra tranquilidad
con esas miradas punzantes de reojo

Obvio que es un tiempo difícil
cada línea que escribo te aleja más
como si fueran hitos fronterizos
sin delimitación clara ni explícita
si la maga respira ¿quien no recitará?
si la maga calla ¿quien no escribirá?

A la izquierda del roble – Mario Benedetti

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
en el que uno puede sentirse árbol o prójimo
siempre y cuando se cumpla un requisito previo.
Que la ciudad exista tranquilamente lejos.

El secreto es apoyarse digamos en un tronco
y oír a través del aire que admite ruidos muertos
cómo en Millán y Reyes galopan los tranvías.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico siempre ha tenido
una agradable propensión a los sueños
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa.

Después de todo el secreto es mirar hacia arriba
y ver cómo las nubes se disputan las copas
y ver cómo los nidos se disputan los pájaros.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
ah pero las parejas que huyen al Botánico
ya desciendan de un taxi o bajen de una nube
hablan por lo común de temas importantes
y se miran fanáticamente a los ojos
como si el amor fuera un brevísimo túnel
y ellos se contemplaran por dentro de ese amor.

Aquellos dos por ejemplo a la izquierda del roble
(también podría llamarlo almendro o araucaria
gracias a mis lagunas sobre Pan y Linneo)
hablan y por lo visto las palabras
se quedan conmovidas a mirarlos
ya que a mí no me llegan ni siquiera los ecos.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero es lindísimo imaginar qué dicen
sobre todo si él muerde una ramita
y ella deja un zapato sobre el césped
sobre todo si él tiene los huesos tristes
y ella quiere sonreír pero no puede.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

ayer llegó el otoño
el sol de otoño
y me sentí feliz
como hace mucho
qué linda estás
te quiero
en mi sueño
de noche
se escuchan las bocinas
el viento sobre el mar
y sin embargo aquello
también es el silencio
mírame así
te quiero
yo trabajo con ganas
hago números
fichas
discuto con cretinos
me distraigo y blasfemo
dame tu mano
ahora
ya lo sabés
te quiero
pienso a veces en Dios
bueno no tantas veces
no me gusta robar
su tiempo
y además está lejos
vos estás a mi lado
ahora mismo estoy triste
estoy triste y te quiero
ya pasarán las horas
la calle como un río
los árboles que ayudan
el cielo
los amigos
y qué suerte
te quiero
hace mucho era niño
hace mucho y qué importa
el azar era simple
como entrar en tus ojos
dejame entrar
te quiero
menos mal que te quiero.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero puedo ocurrir que de pronto uno advierta
que en realidad se trata de algo más desolado
uno de esos amores de tántalo y azar
que Dios no admite porque tiene celos.

Fíjense que él acusa con ternura
y ella se apoya contra la corteza
fíjense que él va tildando recuerdos
y ella se consterna misteriosamente.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
sólo de a ratos parecía
que iba a vivir
que iba a vencernos
pero los dos fuimos tan fuertes
que lo dejamos sin su sangre
sin su futuro
sin su cielo
un niño muerto
sólo eso
maravilloso y condenado
quizá tuviera una sonrisa
como la tuya
dulce y honda
quizá tuviera un alma triste
como mi alma
poca cosa
quizá aprendiera con el tiempo
a desplegarse
a usar el mundo
pero los niños que así vienen
muertos de amor
muertos de miedo
tienen tan grande el corazón
que se destruyen sin saberlo
vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
y qué verdad dura y sin sombra
qué verdad fácil y qué pena
yo imaginaba que era un niño
y era tan sólo un niño muerto
ahora qué queda
sólo queda
medir la fe y que recordemos
lo que pudimos haber sido
para él
que no pudo ser nuestro
qué más
acaso cuando llegue
un veintitrés de abril y abismo
vos donde estés
llevale flores
que yo también iré contigo.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
que sólo despierta con la lluvia.

Ahora la última nube a resuelto quedarse
y nos está mojando como alegres mendigos.

El secreto está en correr con precauciones
a fin de no matar ningún escarabajo
y no pisar los hongos que aprovechan
para nadar desesperadamente.

Sin prevenciones me doy vuelta y siguen
aquellos dos a la izquierda del roble
eternos y escondidos en la lluvia
diciéndose quién sabe qué silencios.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero cuando la lluvia cae sobre el Botánico
aquí se quedan sólo los fantasmas.

Ustedes pueden irse.
Yo me quedo.

Me dejaste temblando

Me dejaste temblando
palabras duras sin filtro
gestos sin corazón fríos
golpeaste el alma
desgarraste los sentidos
punzaste la inocencia
creaste pesadillas

prohibido quejarse
no se admite desahogo
derechos vedados
no puedo hablar
no puedo mirar
no puedo estar

te conocí me encandilé
tu brillo era enceguecedor
tus palabras olían a rosas
tomé una decisión arriesgada
no me arrepiento lo asumo
no me quejo lo acepto

la rosa tiene espinas
si te acercas mucho clava
la luz es hermosa
si la ves mucho te ciega
la miel es dulce
si comes mucho te amarga

eres la decisión
que sacude cimientos
eres el viento
que deforma rocas
eres la fiera
que apetece sangre

arrastrado
dependiente
indigno
apestoso
todo eso dirás
y quizás más

te digo que
aburres
cansas
desesperas
eres un show
una pantomima
no te creo

dilema terrible
decidir soñar
decidir volar
sueño que vuelo
arriba de una golondrina
dolorosa y pétrea

rosa luz miel
cimientos viento fiera
golondrina libre
maga cortazariana
luz de luna